En México, el debate sobre el IEPS a bebidas saborizadas ha vuelto a encender la discusión pública.
El Paquete Económico 2026 propone incrementos importantes al impuesto, con el argumento de proteger la salud de los mexicanos y reducir la obesidad.
Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que la comida chatarra quedara fuera del aumento al IEPS, a pesar de que representa cerca del 80% de la ingesta calórica de los mexicanos?
La ferocidad de Hacienda no aplica para todos
La Secretaría de Hacienda, particularmente la Subsecretaría de Ingresos que encabeza Carlos Lerma, mostró una postura férrea contra refrescos y bebidas saborizadas.
Pero, de manera inexplicable, la comida ultraprocesada quedó a salvo, es decir, la comida chatarra quedó exenta de este aumento.
Expertos señalan que esta omisión resulta incomprensible, pues el impacto calórico de la llamada comida chatarra es mucho mayor que el de los refrescos.
¿Protección política al Osito Bimbo?
En el Congreso circula la versión de que Bimbo, liderada por Daniel Servitje, habría operado para quedar fuera del alcance de Hacienda.
La broma que se repite entre diputados es que “el Osito Bimbo ya porta chaleco guinda”, en alusión a una cercanía con la 4T que lo habría blindado de la carga fiscal.
Esto genera un contraste claro: mientras el sector de bebidas, donde predominan empresas estadounidenses como Coca Cola y Pepsi, recibe la embestida del impuesto, las grandes compañías de alimentos procesados en México parecen intocables.
Alerta en Estados Unidos
La medida también prendió focos en Washington.
En la Oficina de Representación Comercial de Estados Unidos, que comanda Jamieson Greer, se interpreta esta política como una ofensiva directa contra las bebidas de compañías norteamericanas.
El hecho de que incluso las bebidas con edulcorantes no calóricos queden sujetas al impuesto refuerza la percepción de un sesgo que favorece a la industria nacional de alimentos ultraprocesados.
El debate no se limita a refrescos.
Sectores como el tabaco, casinos e incluso los videojuegos se sienten amenazados por lo que consideran una política fiscal con tintes selectivos.
Un ejemplo es la prohibición de vapeadores, que ha derivado en propuestas para que todos los productos de tabaco enfrenten restricciones similares, sin importar su regulación previa.
Aquí, gigantes como British American Tobacco, liderada globalmente por Tadeu Marroco, también mueven sus piezas en México.
La pregunta central
El caso del IEPS a refrescos revela una paradoja:
mientras se incrementa la carga fiscal a un sector que representa menos del 20% de la ingesta calórica, la comida chatarra, que es responsable de cerca del 80% de esa ingesta, queda libre de nuevos gravámenes.
Esto abre cuestionamientos sobre el verdadero objetivo de la política fiscal:
- ¿Se trata realmente de cuidar la salud pública?
- ¿O de un sesgo político que beneficia a ciertas empresas mientras castiga a otras?
Conclusión
La decisión de Hacienda ha generado un enfrentamiento abierto entre industrias.
Para algunos, el trato preferencial a la comida chatarra muestra un sesgo político y económico evidente.
Si el objetivo del IEPS es mejorar la salud de los mexicanos, la medida resulta incoherente: no se puede hablar de combate a la obesidad dejando fuera al principal responsable del exceso calórico en la dieta nacional.
La pregunta sigue en el aire: ¿cómo es posible que la comida chatarra quede fuera del aumento al IEPS?
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